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¿Por dónde íbamos?

Dos meses sin escribir en esta bitácora es mucho tiempo y más si tenemos en cuenta la velocidad con la que se mueve la blogosfera. Pero el cuerpo humano no entiende de tecnologías, sigue siendo un homo sapiens, en mi caso un Homo sapiens segurensis, es decir un ecotipo mediterráneo de interior al que le gustaría tener el mundo en la palma de su mano y se conforma con tirar del cordón umbilical de internet para evadirse de vez en cuando.

Motivos personales me han mantenido apartado del blog, pero el dolor aunque sirva para pararnos y hacernos sabedores de nuestra fragilidad (física y emocional) llega un momento en el que tienes que dejarlo a un lado (relajantes musculares, alcohol y tiempo para olvidar ayudan pero no siempre como uno quisiera) y seguir adelante.

Durante este tiempo he estado dándole vueltas al asunto del dolor, quizás lo único que une al ser humano. Nuestro querido Alice Cooper tuvo un momento de inspiración cruel y compuso el tema Pain que nos viene a decir lo siguiente:

“Soy el dolor, soy tu dolor, el dolor inefable, tu dolor particular…

... soy el que ríe más fuerte en el velatorio más triste…

…soy tu dolor particular, el dolor insondable”.
Este tema siempre me ha rondado por la cabeza, en alguna tertulia radiofónica en mi época de Radio Kasco Viejo y durante un programa nocturno de Urbana Locura, mi amiga Raquel y yo entablamos un interesante debate sobre el dolor, estábamos tan emocionados cuando alguien nos llamó diciendo que le dolían las muelas una enormidad y que prefería que hablásemos de futbol o de canciones amorosas, le daba igual con tal de no escucharnos hablar del dolor, de su dolor insondable.

Pero quince años después me ha vuelto a la cabeza ese texto y la verdad es que siempre ha estado ahí, esperando, sabiendo que no lo podemos olvidar, que cuando quiere se adueña de nosotros.

Pero ha habido más cosas aparte de las heridas del alma y del cuerpo, he recuperado un programa de octubre en el que hablaba del libro de Greenpeace, Photoclima, y de los efectos del cambio climático sobre ríos, mares y montañas. Como siempre que mi cabeza se pone a pensar me vienen imágenes de canciones y momentos, como el de mi infancia en el Río Segura corriendo por él, jugando y riendo y de banda sonora la canción de Miguel Ríos:

“yo recuerdo aquel día que nos fuimos a nadar, aquel agua tan fría y tu forma de nadar, en el río aquel tú y yo y el amor...”

Y como complemento a la canción un fragmento de la novela El Jarama de Rafael Sánchez Ferlosio, ese libro que plasma la vida como lo que es: un momento costumbrista en nuestras vidas que luego recordaremos como mágico.

A los textos del libro Photoclima les puse canciones que han dejado huella en mí, la canción Aqueras montañas me transporta a Aragón y a unos felices días con mis amigos, cuando un café duraba toda una tarde y cuando el tiempo no tenía ningún significado para nosotros.

A primeros de febrero cogí fuerzas y de nuevo me puse con el programa. No pude escoger mejor fecha, era Carnaval y de golpe me llegaron los ecos de Olodum, directos desde Bahía con su tema Alegria Geral, a partir de esa canción el viaje de vuelta fue facilísimo.

Y llegamos al último programa el de la Cuaresma de San Valentín, una fecha en mi calendario emocional donde la expiación, el dolor y el amor se mezclan en un programa donde Soulsavers, Tindersticks, 091, Carla Bruni, Benjamin Biolay, Rufus Wainwright y Gianna Nanini pusieron su granito de arena a mi ceremonia invernal, vuestra ceremonia.


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